MATAR AL PRESIDENTE: EL ASESINATO DE JUAN PRIM por Eduardo Herrerín Torres
Ya estamos de vuelta con un nuevo ciclo de conferencias y, en esta ocasión, con una propuesta especialmente interesante: analizar cinco de los magnicidios más relevantes de la historia de España y su impacto en el devenir político y social del país. El CIGCE, junto con la UNED y con la colaboración del Ayuntamiento del Real Sitio de San Ildefonso y Verescence, impulsa este proyecto que nos permitirá viajar desde el siglo XIX, con el asesinato del general Juan Prim, hasta uno de los acontecimientos más conocidos del siglo XX: la muerte de Luis Carrero Blanco en 1973. Como en años anteriores, las conferencias se celebrarán en el Salón Siglo XXI del Ayuntamiento, a las 19:00 horas.
La primera sesión estuvo protagonizada por Diego Caro Cancela, de la Universidad de Cádiz, y Diego Cameno Mayo, de la Universidad Complutense de Madrid. El primero de los magnicidios analizados fue el del general Prim, y los conferenciantes estructuraron su intervención en torno a tres grandes cuestiones: el peso del Ejército en la política española del siglo XIX, el funcionamiento del sistema político de la época y, finalmente, el asesinato de Prim.

EL EJÉRCITO Y EL ASCENSO DE PRIM
Respecto a la primera de estas cuestiones, hay que tener en cuenta que, tras la muerte de Fernando VII, aunque este proceso ya había comenzado anteriormente, España atravesó una etapa de enorme inestabilidad política. Las guerras carlistas contribuyeron a reforzar el protagonismo de los militares en la vida pública, hasta el punto de que algunos de los generales más prestigiosos terminaron ejerciendo una influencia directa sobre la política nacional. Dentro de este contexto se sitúa la figura de Juan Prim, a quien podemos encuadrar políticamente en el liberalismo progresista. Militarmente había destacado durante la Primera Guerra Carlista, aunque todavía no había alcanzado la dimensión de gran figura nacional que tendría posteriormente.
La oportunidad para consolidar definitivamente su prestigio llegó con la Guerra de África, desarrollada durante el reinado de Isabel II. El conflicto enfrentó a España con el Sultanato de Marruecos entre 1859 y 1860. Entre sus antecedentes se encontraban los incidentes producidos en las inmediaciones de Ceuta, que desembocaron en una creciente tensión entre ambos países. Sin embargo, tal y como señalaron los conferenciantes, detrás del conflicto también existieron importantes motivaciones políticas. El Gobierno de Leopoldo O'Donnell buscaba una victoria exterior que reforzase el prestigio nacional y contribuyese a fortalecer el régimen de Isabel II. La guerra despertó, además, un importante entusiasmo patriótico entre buena parte de la opinión pública española. En este contexto, Prim supo convertir sus éxitos militares en un enorme prestigio público, algo en lo que tuvo una importancia fundamental la difusión que realizó la prensa de la época. El general estuvo al frente de una de las divisiones del ejército y su fama se consolidó especialmente tras la batalla de los Castillejos. Durante algunos de los momentos más difíciles del combate, Prim dirigió personalmente a sus tropas y se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la victoria. La prensa transformó aquella actuación en un episodio prácticamente legendario. La imagen de Prim encabezando el avance de sus hombres se difundió por toda España a través de crónicas, grabados y pinturas, contribuyendo decisivamente a convertir al militar en una figura conocida y admirada por buena parte de la sociedad española.
UN SISTEMA POLÍTICO MARCADO POR LOS MILITARES
El segundo gran tema de la conferencia estuvo dedicado al sistema político español del siglo XIX. A partir de 1834, el Estatuto Real trató de articular la transición desde la monarquía absoluta hacia un nuevo modelo político. Se trataba de una carta otorgada que establecía unas Cortes bicamerales, aunque la Corona continuaba conservando importantes atribuciones. Junto al Ejército, otra de las bases fundamentales del nuevo Estado liberal fueron los partidos políticos, aunque estos eran muy diferentes de los partidos tal y como los entendemos actualmente. Entre las principales fuerzas se encontraban los moderados, vinculados principalmente a sectores de la burguesía, la nobleza terrateniente y los altos mandos militares, y los progresistas, que contaban con el respaldo de sectores de las clases medias urbanas y determinados grupos militares. Posteriormente aparecería también la Unión Liberal. Una característica especialmente representativa de aquel sistema fue la presencia de los llamados «espadones», importantes generales que ejercían como líderes y referentes de las distintas corrientes políticas. El Ejército, por tanto, no permanecía al margen del poder político, sino que constituía uno de sus principales protagonistas.
La crisis de la monarquía de Isabel II terminó desembocando en la Revolución de 1868, conocida como la Gloriosa. El levantamiento militar iniciado en Cádiz estuvo encabezado por el almirante Juan Bautista Topete y contó con el protagonismo de los generales Prim y Serrano. Tras la derrota de las fuerzas partidarias de Isabel II en la batalla de Alcolea, la reina marchó al exilio en Francia. Se inició entonces una nueva etapa política. El Gobierno provisional, presidido por Serrano, convocó elecciones a Cortes Constituyentes. De ellas surgiría la Constitución de 1869, una de las más avanzadas del liberalismo español del siglo XIX. Entre sus principales novedades, los conferenciantes destacaron el establecimiento del sufragio universal masculino y la soberanía nacional. Quedaba, sin embargo, una cuestión fundamental por resolver: encontrar un rey para ocupar el espacio vacío que había quedado con la dinastía de los Borbones. En este proceso, Prim desempeñó un papel decisivo. Finalmente, el candidato elegido fue Amadeo de Saboya, hijo del rey Víctor Manuel II de Italia. Pero el nuevo monarca perdería a su principal apoyo político incluso antes de poder comenzar su reinado.
ASESINATO DE PRIM
El final de Juan Prim llegó de forma violenta y estuvo rodeado desde el principio de numerosos interrogantes. El 27 de diciembre de 1870, pocos días antes de la llegada de Amadeo de Saboya a España, el presidente del Gobierno sufrió un atentado cuando su carruaje atravesaba la calle del Turco de Madrid. Varios hombres armados interceptaron el vehículo y dispararon contra él, provocándole graves heridas.
Prim consiguió llegar con vida a su residencia, pero murió tres días después, el 30 de diciembre. Su asesinato privó a Amadeo I de quien había sido uno de los principales impulsores de su candidatura al trono y su gran apoyo político en España, dejando al nuevo monarca en una posición especialmente complicada desde el comienzo de su reinado.
La investigación del magnicidio apuntó hacia diferentes personajes y grupos. Entre los nombres tradicionalmente relacionados con el caso aparecieron el duque de Montpensier, Antonio de Orleans, que había aspirado al trono español, y el republicano José Paúl y Angulo, enfrentado políticamente con Prim. También se han planteado históricamente sospechas sobre personas próximas al entorno del general Serrano. Sin embargo, nunca pudo determinarse de manera concluyente quién estuvo detrás del asesinato de Prim. Las dudas sobre sus autores materiales y, especialmente, sobre quién pudo ordenar su muerte han acompañado al caso desde entonces, convirtiendo el magnicidio del general en uno de los grandes enigmas políticos de la España del siglo XIX.
CONCLUSIÓN
En conclusión, la figura de Juan Prim permite comprender buena parte de las complejidades de la España del siglo XIX: el enorme peso del Ejército en la vida política, la construcción del Estado liberal y las dificultades para consolidar un sistema político estable. Su trayectoria, desde el prestigio alcanzado en los campos de batalla hasta su decisivo protagonismo en la Revolución de 1868 y en la elección de Amadeo de Saboya, lo convirtió en uno de los personajes fundamentales de su tiempo. Por ello, su asesinato no supuso únicamente la desaparición de un destacado militar y político, sino que tuvo importantes consecuencias para el nuevo régimen que trataba de abrirse camino. Además, las incógnitas que todavía rodean al magnicidio han contribuido a mantener vivo el interés por un episodio que continúa siendo uno de los grandes enigmas de la historia política española contemporánea.













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