EN EL INFIERNO DE MAUTHAUSEN

El salón Siglo XXI, del Excmo. Ayuntamiento del Real Sitio de San Ildefonso, acogió el primer seminario, Infiernos en la tierra, que tuvo como protagonistas a Gutmaro Gómez, de la Universidad Complutense de Madrid, y Concha Díaz, de la AMICAL de Mauthausen. La mesa coloquio, Los campos de exterminio nazis, fue moderada, como no podía ser de otra forma, por Ángel Herrerín López, director del departamento de Historia Contemporánea de La UNED.

Los ponentes expusieron los acontecimientos mediante tres vías: en primer lugar, los orígenes y funcionalidad de los campos de concentración; en segundo lugar, la participación de la sociedad alemana en lo que estaba ocurriendo; y, por último, la presencia de españoles en dichos campos. Con respecto a la primera cuestión, La profesora Díaz hizo hincapié en que la Alemania Nazi tuvo dos tipos de campos totalmente diferentes: por un lado, los denominados campos de concentración, donde servían de represión y separación de las personas de la sociedad. En éste el objetivo primordial era el trabajo, es decir, se buscaba un beneficio económico. Por este motivo, la mayoría de campos se encontraban cerca de canteras; por otro lado, existían campos de exterminio, en el que la propia palabra lo define a la perfección. En estos últimos iban todos los que se consideraban no aptos para los trabajos.

En cuanto a los orígenes de los campos de concentración, el profesor Gómez expresó que han existido durante toda la historia. Sin embargo, siempre son diferentes dependiendo del contexto y de la época. Algún ejemplo fue durante el colonialismo europeo. Incluso, hoy en día, el trato que se les da a los Refugiados cuando cruzan la frontera es otro tipo de reclusión, pues se les aparta de la población. En el caso de Alemania, Hitler los utilizó mucho antes de la Gran Guerra, más concretamente en el año 33. Estos campos eran utilizados para la sociedad que no entraba en los planes del dictador. Hitler, obsesionado con la “raza” Aria, intentaría exterminar o recluir a la población que consideraba asocial.

En segundo lugar, ambos profesores hablaron sobre la participación de la sociedad alemana durante las barbaries del nazismo. Esta cuestión fue objeto de disidencia, pues no está claro como el terror puede afectar a cada persona y su participación en dicho contexto. Los ponentes expresaron como hubo parte de la población que se aprovechó de la situación económicamente. Aunque, también hablaron de héroes, denominados así por su decisión de no ayudar al régimen de una forma o de otra, poniendo su vida en riesgo. Lo que queda claro, es que cada individuo, ante el miedo, reacciona de formas distintas.

En tercer lugar, y no menos importante, se expuso como los españoles acabaron en campos de concentración alemanes. Una gran parte de ellos eran republicanos exiliados que habían cruzaron la frontera francesa debido a la guerra civil. Después, se incorporarían al ejército francés o en la resistencia francesa. Cuando el país cayó en manos de los nazis, estos republicanos fueron trasladados a Austria. Dentro de la diversidad de los “presos” republicanos podíamos distinguir a socialistas, comunistas, anarquistas… Recientemente, el BOE ha publicado los datos de una parte de republicanos que perdieron la vida en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, en concreto 4.427. Estos datos estaban en unos viejos libros de la Sede del Registro Civil Central, lo que no dice mucho a favor de los gobiernos anteriores de la democracia española.

Por último, el moderador de la sesión, el doctor Herrerín destacó la obra de Primo Levi, judío italiano, Si esto es un hombre. En el libro cuenta su experiencia en un campo de concentración alemán. Herrerín destacó la forma en que el autor nos hace reflexionar sobre el intento, por parte de los nazis, de conseguir la degradación del individuo a través de la vida cotidiana dentro del campo de concentración. Es decir, un maltrato físico y psicológico que despojaba a los hombres de sus ideales de libertad y de su propia condición de ser humano, para intentar convertirles en “animales” que sólo debían preocuparse por comer, dormir, trabajar y sobrevivir.

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