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EL FRENTE POPULAR: antecedentes y evolución

October 5, 2016

 

La mesa redonda, El Frente Popular: antecedentes y evolución, en la que participaron el Dr. D. Francisco Sánchez, profesor de la Universidad Carlos III y el Dr. D. Nigel Townson, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, abordó la Segunda República en España. Ambos ponentes hicieron hincapié en algunos aspectos del nuevo régimen: su llegada, las elecciones de 1933, el movimiento insurreccional de octubre de 1934 y, por último, la formación del Frente Popular.

En cuanto a la primera cuestión, la llegada de la democracia en España, ambos profesores estuvieron de acuerdo en que el 12 de abril de 1931 los resultados de las elecciones municipales supusieron la caída de la Monarquía y la instauración de la República. El nuevo régimen llegaba con celebraciones populares en la calle, particularmente los que pertenecían al sector de la clase obrera. Pronto comenzaron los cánticos, como “La Marsellesa” y “El Himno del Riego”, y se acabó cantando “La Internacional”. Canciones que se mezclaban con otras más populares. Las elecciones generales a Cortes Constituyentes se celebraron el 28 de junio de ese mismo año. El sistema electoral benefició a la coalición de socialistas y republicanos: Partido Socialista Obrero Español, Partido Radical Republicano, Partido Radical-Socialista, Derecha Liberal Republicana, Acción Republicana y Esquerra Republicana que obtuvieron un total de 296 escaños. La  gran novedad de estos comicios electorales fue el Partido Socialista que pasó de 7 diputados a ser la fuerza política mayoritaria con 115. El segundo partido más votado fue el radical de Lerroux con 94 diputados. Las organizaciones de derecha no republicana apenas sumaron 50 diputados, con principal presencia en el País Vasco y Navarra, donde 16 de los 24 escaños los ganó la alianza de carlistas, nacionalistas vascos y católicos independientes. Así comenzaba el denominado bienio reformista (1931-1933). Los profesores destacaron el intento, por parte de este gobierno, de llevar acabo una serie de reformas con el objetivo de modernizar y equiparar la sociedad española con otros países de nuestro entorno. Transformaciones que no tuvieron los resultados esperados.

Con respecto a la segunda cuestión, las segundas elecciones generales de la República para las Cortes, que tuvieron lugar en noviembre de 1933, los ponentes subrayaron que fueron novedosas, pues por primera vez las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto. Los resultados dieron la mayoría a los partidos de centro-derecha, lo que proporcionaba una mayoría parlamentaria a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), con 115 escaños, y el Partido Radical, con 104. Con estos resultados, el período entre noviembre de 1933 y febrero de 1936 se conoce como Bienio Radical Cedista o rectificador, más conservador que el anterior. Sin embargo, la CEDA, en un principio, no formó parte del gobierno, debido a que el presidente de la República, Alcalá-Zamora, desconfiaba de Gil-Robles, líder de la coalición, pues sus ideas eran poco claras respecto al modelo político republicano. La CEDA tardó casi un año en incorporarse al gabinete dirigido por Alejandro Lerroux, del Partido Radical. El 4 de octubre de 1934 se incorporaron al gobierno tres cedistas: Manuel Jiménez Fernández, en Agricultura; José Oriol Anguera de Sojo, en Trabajo y Rafael Aizpún en Justicia. Los republicanos de izquierda veían con temor entregar el poder a la CEDA, mientras que los socialistas, preocupados por el ejemplo del católico Dolffus en Austria, que había instaurado un régimen autoritario con la consiguiente represión a los socialistas austriacos, se lanzaron a un movimiento insurreccional.

Tanto el profesor Francisco Sánchez como Nigel Townson expusieron como el comité revolucionario socialista inició la acción el 5 de octubre, a las pocas horas de la entrada de la CEDA en el Gobierno. Sus primeras manifestaciones tuvieron lugar con huelgas generales en las ciudades más importantes como Madrid, Sevilla, Córdoba, Valencia, Zaragoza… En otros lugares de España, el movimiento tuvo otro significado. En Cataluña, la huelga general comenzó el día cinco de octubre, sin el apoyo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), y el movimiento tuvo una deriva nacionalista. El presidente de la Generalidad, Lluis Companys, rompía relaciones con el gobierno central y proclamaba un Estado Catalán. Sin embargo, el general Domingo Batet, jefe de la guarnición militar de Barcelona, ocupó la ciudad, y tras una pequeña resistencia, el gobierno catalán se rindió. La rebelión había fracasado. La operación costó la muerte de 46 personas, 8 soldados y 38 civiles.

Sin embargo, donde el movimiento adquirió un auténtico carácter revolucionario fue en Asturias. En esta región se había constituido una Alianza Obrera entre la Unión General de Trabajadores (UGT) y la CNT, a la que se unirían otros grupos como el Partido Comunista de España (PCE). El gobierno, para sofocar el levantamiento, envió al ejército, produciéndose un importante enfrentamiento armado con la utilización de fusiles, ametralladoras, cartuchos de dinamitas, aviones… La insurrección comenzó la noche del 5 al 6 de octubre y duró hasta el día 18, cuando se pactó la rendición de los revolucionarios. El balance más aproximado de víctimas señala unos 1.100 muertos entre los insurrectos, unos 2.000 heridos y 300 muertos de las fuerzas de seguridad y del ejército. A estas cifras habría que añadir la represión inmediata que sufrieron los revolucionarios sometidos a palizas y torturas. Numerosos dirigentes políticos republicanos y socialistas, como Largo Caballero y Azaña, fueron detenidos. Las cárceles estuvieron abarrotadas de revolucionarios y militantes de izquierda, con números que oscilan entre los 30.000 y 40.000.

La última parte de la conferencia tuvo como objetivo la formación y programa del Frente Popular. La iniciativa para la formación de la unión salió de los grupos republicanos, y el papel más importante lo desempeñó el antiguo presidente del gobierno durante el primer bienio, Manuel Azaña. Por encargo del Consejo Nacional de Izquierda Republicana, reunido en enero de 1935, Azaña hizo unas gestiones que condujeron a la firma de un pacto de conjunción republicana suscrito, el 12 de abril, por Izquierda Republicana, Unión Republicana y el Partido Nacional Republicano. Durante los meses siguientes, Azaña impartió mítines multitudinarios con el fin de reforzar su imagen como líder del republicanismo español. En noviembre, invitaría formalmente al PSOE, en nombre de los tres grupos de la conjunción republicana, a integrar una coalición electoral de partidos de izquierdas. Sin embargo, los socialistas, tras los sucesos de octubre, estaban divididos: por un lado, los denominados prietistas, seguidores de Indalecio Prieto, exiliado en París, que querían un pacto con la izquierda republicana para arrebatar el poder a la derecha; por otro lado, Largo Caballero, desde la dirección de la UGT, se opuso a dicho acuerdo. Aunque, ante la convocatoria de elecciones, a finales de 1935, accedió a incorporarse con la condición de que, después de las elecciones, si la coalición ganaba, debían gobernar sólo los republicanos y además el PCE debía entrar en esa coalición electoral. El Partido Comunista, por su parte, había variado su posición respecto a los socialistas, considerados hasta entonces enemigos de la revolución, tras el VII congreso de la III Internacional celebrado en Moscú en el verano de ese mismo año, donde se expuso la necesidad de la colaboración con la izquierda burguesa en un “frente antifascista”. Finalmente, la formación del Frente Popular se realizó el 15 de enero de 1936, con la firma de Izquierda Republicana, Unión Republicana, PSOE, UGT, Juventudes Socialistas, PCE, Partido Sindicalista y el POUM. Su programa, a pesar de la idea de extremismo que siempre ha rodeado al Frente Popular, era bastante moderado teniendo como objetivo la vuelta a las reformas. Pero, si hubo algo que aglutinó a las fuerzas de izquierdas, y hasta consiguió el voto de los anarquistas, que se habían abstenido en las anteriores elecciones, fue la inclusión en el programa de la amnistía para los detenidos en el movimiento de octubre de 1934.

El Frente Popular planteó un programa moderado con el que se atrajo a numerosos antiguos votantes del Partido Radical. Aunque, el reclamo para las fuerzas de izquierdas fue la amnistía y la vuelta a las reformas. La derecha no republicana intentó recordar los horrores de la revolución de Asturias e insistió en que era una batalla entre la España católica y la revolución comunista. La ultraderecha, monárquica y fascista, apelaba ya a la lucha armada y planteaba una salida autoritaria. El resultado de las elecciones dio la victoria al Frente Popular que, gracias al sistema mayoritario establecido por la ley electoral, dispuso de una holgada mayoría en las Cortes. Los partidos más votados fueron el PSOE y la CEDA, seguido muy de cerca por Izquierda Republicana, mientras que el Partido Radical, que presentó a casi todos sus candidatos al margen de las coaliciones principales, quedó reducido a cuatro diputados, noventa y nueve menos que en 1933.

Por último, ambos ponentes señalaron que los electores de la gran coalición, nada más conocer los resultados, salieron a la calle no sólo a pedir la amnistía para los encarcelados por los movimientos insurreccionales de octubre, sino también la reincorporación al trabajo de los despedidos por aquellos sucesos. Circunstancia que provocó una pequeña crisis en la nueva dirección, pues la movilización social desbordó al recién estrenado gobierno. Gobierno que, superado este primer escollo, intentaría poner de una forma vertiginosa algunas reformas del primer bienio, las cuales habían sido suprimidas por el Partido Radical y la CEDA.  

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