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  • Eduardo Herrerín Torres

El Reino Unido de Margaret Thatcher


La segunda sesión del seminario Personajes para entender una época tuvo como protagonista El Reino Unido de Margaret Thatcher. La mesa coloquio estuvo formada por el DR. D. Nigel Townson, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, y el DR. D. Ramón Cotarelo García, profesor de la UNED. En primer lugar, Los conferenciantes dieron una gran importancia a los momentos previos del gobierno de Margaret Thacher. En 1979 el Reino Unido se debatía en una situación de profunda recesión, y aunque había conseguido una cierta estabilidad en 1977-1978, la opinión pública tenía la sensación de que el país había entrado en una fase de decadencia. El gran poder que los sindicatos ejercían sobre el poder político, la revitalización de la actividad terrorista en Irlanda del Norte y la reducción del poder adquisitivo de una gran parte de la población, provocó una gran crisis moral, que fue utilizada por el partido conservador para volver al poder.

Así que, la llegada de la alternativa conservadora fue gracias a la percepción de crisis, descontento y pérdida de peso internacional que el país había experimentado durante los últimos años de gobierno laborista. De ahí la contundente aceptación de su programa de reformas basado en el concepto de capitalismo social; en una política de estímulo de la oferta y promoción de la actividad empresarial; en la limitación del poder sindical; en la eliminación de los sectores improductivos; y en la lucha contra la inflación, el recorte del gasto público y la reducción del papel del estado en la economía. Sin embargo, la subida del precio del petróleo volvió a envolver a las economías europeas en una situación de inestabilidad y crisis.

La nueva recesión obligó a Thatcher, además de limitar su programa de reformas, a aumentar el gasto público para hacer frente al paro, que llegó al 12% en 1981 el más alto de toda la comunidad europea, y para salvar a una multitud de empresas públicas de la bancarrota. También subió los impuestos ese mismo año, contradiciendo su discurso político. Sin embargo, no pudo equilibrar las cuentas públicas que alcanzaron un saldo negativo de 10 billones de libras. Además, los crecientes disturbios sociales acabaron estallando en acciones de gran violencia en ciudades importantes como Manchester, Liverpool o el mismo Londres, lo que vaticinaba un desastre del gobernó conservador.

Llegados a este punto, los conferenciantes hicieron especial hincapié en la política exterior. Ambos profesores coincidieron que toda esta situación de decadencia cambiaría el 2 de abril de 1982, cuando la dictadura militar argentina decidió la ocupación del enclave colonial de las Islas Malvinas. La reacción del gobierno británico fue tajante e inmediata: mandó una potente flota de guerra que entre mayo y junio restauró su dominio sobre la colonia. El orgullo nacional inundó a los británicos, que apoyaron en masa la aventura militar. Por el contrario, el partido laborista, contrario a la guerra en todo momento, perdió el apoyo del pueblo británico. La señora Thatcher, con la que se había identificado la guerra personalmente, no sólo salió reforzada si no que se convirtió en una heroína nacional.

Otra cuestión a destacar, dentro de la política exterior, fue la amenaza terrorista que suponía el grupo armado IRA (Irish Revolutionary Army) en Irlanda del Norte. Este grupo pretendía lograr, por medio de asesinatos, la independencia de dicho país. En el curso de su mandato algunos de sus políticos fueron asesinados por los terroristas irlandeses y ella misma se libró por poco de de ser otra de sus víctimas. Uno de los retos a los que tuvo que enfrentarse fueron a las huelgas de hambre que convocó el IRA en la prisión de Maze para obtener privilegios especiales para sus prisioneros políticos. Durante la primera ronda de huelgas en 1980 no se permitió que muriera nadie. Sin embargo, durante la segunda, desde marzo de 1981, Thatcher se negó a hacer concesiones, por lo que murieron diez hombres del IRA. Uno de los muchos actos que propinarían el apodo de Dama de Hierro.

Por otro lado, no hay que olvidar la alianza entre Thacher y Reagan, que revitalizó el movimiento conservador en el mundo entero, potenció la estrategia entre Estados Unidos y Reino Unido y, en última instancia, contribuyó de forma determinante a poner fin al comunismo y ratificar el predominio universal del capitalismo.

La fácil victoria militar en las Islas Malvinas coincidió con una recuperación económica internacional que influyó en una mejoría de los principales indicadores económicos del país. La lucha contra la inflación y la política de ajuste estructural empezaron a dar también sus frutos y a finales de 1982 y, sobre todo, en 1983 la recuperación era ya un hecho. La inflación se mantuvo por debajo del 5%, la más baja en muchos años, y el crecimiento del producto interior bruto alcanzó niveles del 3%, el más alto de toda Europa. El único factor negativo siguió siendo el elevado nivel de desempleo, que en 1983 sobrepasó la cifra de récord de los tres millones de parados.

Este cambio de situación fue hábilmente aprovechado por Thatcher para adelantar las elecciones a junio. El resultado fue espectacular, no tanto por el porcentaje de votos obtenido por el partido conservador, el 43%, si no por el absoluto desvanecimiento de los laboristas, que perdieron más de tres millones de votantes respecto a las elecciones pasadas. Los resultados de este segundo mandato fueron notables en términos económicos y más discutibles en términos sociales, ya que se produjo una desinversión pública en los sectores como la sanidad y la educación que comenzaron a sufrir un importante declive.

Sin embargo, la política Thatcheriana no tuvo los resultados apetecidos, ya que Gran Bretaña se encontraba en continua recesión. Los dos conferenciantes señalaron este fracaso económico, a pesar de la prensa favorable con la que Thatcher ha pasado a la historia. Tanto Thacher en Reino Unido como Reagan en Estados Unidos fueron un ejemplo de las propuestas neoliberales, las cuales siguen muy presentes en nuestra sociedad. En 1987 obtuvo una nueva victoria electoral, pero los síntomas de cansancio eran visibles, aunque el voto conservador se mantuvo estable, el partido laborista experimentó un notable avance. Sin embargo, el ocaso político de la Dama de Hierro no fue fruto de una derrota electoral sino que vino de las filas de su propio partido, que decidió utilizar a John Mayor como nuevo líder político conservador. La hegemonía política de dicho partido terminó en 1997 con el ascenso del líder laborista Tony Blair.

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